sábado, diciembre 08, 2007

Contra los dogmas

Esta entrada viene relacionada con la anterior, aunque no lo parezca. "Brilliant Disguise" me transporta a una época, en plena turbulencia adolescente, donde tomé muchas decisiones.

Y una de las que recuerdo con mayor "potencia", y de las que más me alegro, fue la de desechar de mi vida el dogma católico.

Sinceramente, era una decisión que llegó de manera natural: en mi forma de observar el mundo no encajaban tantas inconsistencias. Y en particular, me molestaba ese círculo vicioso que impide formular preguntas y satisfacer la curiosidad; algo inherente al ser humano y que nos ha permitido llegar hasta aquí: el dogma de fe. Porque, para ser católico (hablo de mi caso concreto, pero vale para cualquier terreno religioso, político y moral que uno se plantee) había que creer, y plantearse dudas, ni siquiera preguntar, era traicionar el dogma y, por ende, ir a parar al infierno. Bonito razonamiento cíclico para mantener la fidelidad de los fieles (valga la redundancia). Aquí te presento una afirmación cuya duda o negación implica tu destrucción.

A mí, este argumento ya me parece suficiente para descartar cualquier creencia (porque, en el fondo, todas me parecen sujetas a un apriorismo que me espeluzna. Aunque no tenga una solución para la muerte, prefiero no llenarme la cabeza de imaginaciones -más allá de las que pueda plasmar en una novela, claro-); aun así, respeto la sensibilidad de cada uno, aquello que se llama el hecho religioso, tan inherente al ser humano como la curiosidad, aunque esta se fundamente en la razón y aquella más bien en el miedo o, en florido eufemismo, ante la metafísica.

Pero lo que ya me rebela es lo que viene aparejado con el dogma, que no deja de ser un artero instrumento de algo tangiblemente pero: la jerarquía religiosa que se vale del dogma para administrar el hecho religioso íntimo de sus vecinos. Salvo honrosas excepciones (que a mí no se me ocurren ahora mismo), acaba con suntuosos templos, clases eclesiásticas opulentas y unos fieles sujetos a unas normas y que alimentan el poder de la jerarquía. No niego que, en ocasiones, las clases dirigentes religiosas han propiciado iniciativas más que loables (obras de caridad, lucha contra la pobreza, refugios, y un largo etcétera); pero en otras, demasiadas ocasiones, y con demasiados ejemplos en la Historia, han conducido o han justificado desmanes horribles (guerras, opresión, oscurantismo).

En el fondo, sacar a relucir ideas tan íntimas es algo en lo que no me siento muy cómodo, al menos de manera tan pornográficamente emocional, y por tanto no hablo de ello con frecuencia. Pero, junto con la entrada de ayer y esta otra de Rudy, han hecho que, tras leer esta noticia me haya visto impulsado a dejar constancia aquí. Y a aconsejar a cualquiera que recale en estas líneas algo: id a ver la película. O mejor aún, leed el libro, que es una gozada en cuanto a imaginación y originalidad. Una novela con aspecto juvenil, escrito para gente inteligente, rehuyendo de tópicos y maniqueísmos.

¿Y por qué os doy este consejo en cuestión? Aparte de lo arriba expuesto, por varias razones:

1. Me toca soberanamente los co... mis fundamentos cualquier atentado al libre albedrío y, por extensión, a la inteligencia de las personas;

2. Por coherencia: si estas asociaciones están seguras de la posesión de la verdad, ¿qué les hace pensar que las familias católicas que vayan a verla no sabrán educar a sus hijos en la Fe? ¿Inseguridad, miedo? ¿Tan endebles son los fundamentos?

3. Porque el libro, repito, es una gozada. Admite lecturas a varios niveles, tan disfrutable para los jóvenes como para adultos, y que permite el debate sobre conceptos tales como la amistad, la verdad, el poder, y algo que me maravilla, desbancar lo que es correcto a lo que, simplemente, parece correcto. Antidogmático.

Luces del Norte. Yo lo tengo en edición de bolsillo, que es más barata... :D4. Y volvemos a los dogmas: prohibir siempre ha sido una de las herramientas más efectivas para perpetuar los dogmas. Leer, viajar, contrastar ideas y opiniones es lo que nos permite adoptar diversos puntos de vista, abrir la conciencia y eludir la trampa sutil del dogma que pretenden mantener a una masa sumisa en el redil de las ideas totalitarias, sean estas políticas o religiosas. Prohibir ver La brújula dorada es tan supinamente estúpido como condenar a unos dibujantes por supuestas vejaciones a la Casa Real, como lanzar una fatwa por unas caricaturas de Mahoma, o solicitar la retirada de Polònia o Muchachada Nuí. O enarbolar banderas y alentar conflictos, ya sea aquí, allí o en todas partes.

Todo esto se reduce, al fin y al cabo, en un único mandamiento: pensad, coño, pensad.

8 comentarios:

Jordi Enric dijo...

Totalmente de acuerdo. Yo he sido educado durante mis primeros 8 años escolares en un colegio católico y si algo he aprendido es que no me gusta "esta iglesia".

La censura y la represión no llevan a nada bueno y el razonamiento propio y la curiosidad nunca deberían ser oprimidas.

En cuanto pude elegir entre ética y religión no lo dudé.

En cuanto a la película no está mal. Pasé un rato agradable, quizás noté demasiado lo que suele pasar con las adaptaciones de novelas... que es imposible ser plenamente fiel al libro y se acaba comprimiendo y resumiendo la historia (y eso que no me he leído el libro), pero es la sensación con la que salí. En cualquier caso vale la pena verla.

manu dijo...

me molestaba ese círculo vicioso
Pues los círculos viciosos tienen un no-sé-qué...

Hoy toca U2!

arturo dijo...

Por mi parte considerenado que en la peli la Kidman hace de mujer mala que usa la magia creo que la pelicula deberia llamarse...

Nicole Kidman es
La Brujula Doradula!

manu dijo...

Joé Alex, pidiendo a la gente que piense... ¿tú no serás un "radical"?

Álex Vidal dijo...

Jordi: pues yo tuve la suerte de estar en colegios laicos, y la mala de hacer catequesis hasta los quince, si mal no recuerdo. Y la asignatura a la que quizá más provecho le saqué, y que me ayudó a afianzarme y salir del atolladero mental que me dejó la Iglesia, fue Filosofía. Pa que luego digan.

Arturo: qué chiste más maaalooo :P

Manu: pues sí, soy radical. En asuntos importantes no se puede andar con medias tintas, con ese buenrrollismo tan políticamente correcto que lo único que permite es a los verdaderos radicales que pululan por el mundo, los neoliberales, secuestrar cualquier propuesta progresista (cualquier cosa a favor de la comunidad) tildándola de extremista, mientras campan a sus anchas haciéndonos creer que la jungla que pretenden imponernos es "la vía moderada". Que se compren un desierto y lo barran, hostia ya.

manu dijo...

Lo dicho, busco peña para formar grupo punki noeliberal.

Una ayudita, porfabó...

Charlotte dijo...

Colegio simpatizante del Opus Dei, desde los 8 a los 18 años. Digamos que a partir de los 14 ya no me convencía mucho el Opus, y a partir de los 15 la Iglesia en general. Con los 18 me declaré atea. Cuando te dicen burradas como que la violación es culpa de las mujeres "porque van provocando" comienzas a plantearte muchas cosas.

Raven dijo...

Hombre, pues yo me uniría en ese boicot de los ultracatólicos contra la película de "La Brújula Dorada", pero porque la condenada es más mala que un bocata de mierda, no por insulsas beaterías trasnochadas.

En cuanto a mis recuerdos particulares de cuando abracé el ateísmo, mi padre (que es ateo convencido) y las obvias preguntas incómodas que le entran a uno a cierta edad, hicieron su trabajo perfectamente.

De todas formas, es algo totalmetne comprensible en mi casa, en la que hasta mi madre, que es muy mística y muy creyente, es altamente crítica con la Iglesia. Por exponerlo de manera amable.