jueves, diciembre 28, 2006

domingo, diciembre 24, 2006

Parecidos razonables

a) Risto Mejide, jurado de Operación Triunfo, en la puntuación de la última gala:



b) Jarvis Cocker, voz y líder de los disueltos Pulp, en "Help the Aged":



c) De propina, la canción con que abrió el concierto del viernes pasado, "Fat Children"; aquí, la actuación en el programa Newsnight (ah, y con Candida Doyle en los teclados; cuánto la eché de menos anteayer):



Por cierto, que el parecido no es tan sólo cosa mía. Juanma también piensa igual, y una fan de Jarvis también lo anunció a grito pelado en mitad de la sala, entre canción y canción (además de demostrar que su amor por el artista resultaba ser de lo más feromónico).

En fin: Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo a los lectores. Que el 2007 nos traiga mucho amor, paz y, si puede, algo de dinerillo que nunca vendrá mal para afrontar la subida de los tipos de interés que se avecina ;)

Urbanismo desaforado

Los delitos urbanísticos existen y la justicia tiene que perseguirlos, pero dentro de la legalidad el modelo actual también es lesivo para el medio ambiente, la calidad de vida de los ciudadanos y para asegurar el acceso a la vivienda.


El resto del reportaje, aquí.

(Vía El País.com)

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sábado, diciembre 23, 2006

No more common people... tonite

En el momento de escribir estas líneas hace un rato que he llegado a casa, procedente del Razzmatazz. Seco, a pesar de la fina llovizna que ha caído en Barcelona; limpio, sin una gota de sudor; con la voz completa, sin ronquera; sin agujetas. Diríase que la generación britpop o common people también se está haciendo mayor.

Porque no es que Jarvis envejezca; su particular pacto con el diablo le permite conservar, además de mantener un alto nivel en cualquiera de los muchos proyectos en los que se ha embarcado últimamente, una enjuta figura que se mueve sobre las tablas como un animal escénico cuyo instinto le permite cautivar a la audiencia con gestos, miradas, pasión y entrega. Y sarcasmo. Toneladas. Sabe, como pocos en la escena musical, tensar los hilos adecuados para conducir al público a su terreno.

Claro, si ellos (nosotros) se (nos) dejan (dejamos).

En este recibimiento más bien calmado, que no frío, pesa que el repertorio, a excepción de una pieza grabada para otro artista, un tema nuevo y el cierre (versión del "Satellite of Love") se base exclusivamente en su debut en solitario Jarvis. Temas muy recientes y de un tono más intimista (aún) que en su etapa anterior.

Valga decir que el concierto, en sí, se aguanta muy bien con esta base. Aunque, inevitablemente, se hace muy corto (hora y cuarto de show, bises incluidos). Más de uno y más de dos esperaba, expectante, algún hit pulpero, y parece que Jarvis no está por la labor. Una actitud muy loable: presentarse desprovisto del recurso fácil, de un pasado que quiere dejar ahí, en el pasado, encarando su nueva etapa desde el principio. Arriesgada, sin duda, pero que dice mucho del carácter inquieto del artista. Creo que tardaremos mucho tiempo antes de que su capacidad de sorprendernos falle.

Hoy hemos podido ver un Jarvis muy relajado, sin desaprovechar ningún momento para entablar un diálogo con el público. Atrás queda el líder de un Pulp que, cinco años atrás, en la gira del We Love Life, parecía a punto de suspender el concierto tras arrojar una guitarra acústica al suelo porque la mezcla de sonido era espantosa. Entre canción y canción nos ha amenazado con tocar hasta las cuatro de la mañana (lástima que no se cumplió), ha hecho un experimento sociológico al comprobar que una canción con el título más estúpido posible ("Tonite") es capaz de emocionar, ha devuelto al público una pieza de ropa interior (no sé si calzoncillos o braga-faja). Reía, juguetón, con el público y con la banda, e incluso replicaba con ingenio ("Jarvis, Jarvis... Gracias; ya soy mayor y sé mi nombre, pero te agradezco que me lo recuerdes por si se me olvida").

Y, entre tanto, las canciones: en su mayor parte, medios tiempos que no alcanzan ritmos de baile, pero intensos vocal y musicalmente, divididas, mitad y mitad, en ese romanticismo decadente y entrañable al mismo tiempo, y la imagen sarcástica de una sociedad en la que las pasiones del individuo se quiebran ante el amor, el trabajo, etc.

Pero... no ha cantado "Common People". Ni creo que lo vaya a hacer. Ni, sinceramente, creo que haga falta.

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miércoles, diciembre 20, 2006

Una conversación cotidiana

En una peluquería unisex de mi pueblo, el sábado pasado. Una mujer, a la que la peluquera, en tono burlón, aunque con retintín, le pide que deje ya el móvil, se excusa de la siguiente guisa:
—Es que tengo que quedar con mi hija, que viene en tren de Barcelona y me ha comprado una tele nueva, de esa que tiene de todo, DDT y todas esas cosas modernas...
—¿Qué es, una de esas teles planas? —pregunta otra peluquera, una de las más jóvenes. La mujer asiente. —Ah, será una tele LCD, ¿no?
—Sí, eso, una tele con LSD...
Una tele para, literalmente, olvidar todas las penas.


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lunes, diciembre 18, 2006

Coincidencias (malditas coincidencias)

Acaba una semana dura. El fin de semana pasado empecé un cuento que tengo bien encarrilado, con muchas ganas: de ambientación digamos de ciencia ficción, pero que realmente trata del tiempo perdido: tiempo perdido en la relación con los demás, en las palabras que no se dicen, en los sentimientos callados.



Y dos días después sufro en las propias carnes ese tiempo perdido. Porque la muerte es así: en ocasiones la esperas, pero las más de las veces se presenta por sorpresa, y te arrebata a traición

a quien creías que iba a estar ahí por siempre. Porque para nosotros, los que nos quedamos aquí abajo, aún nos engañamos creyendo que la vida está para vivirla para siempre.



Para mi prima, que se fue de sopetón, todo el cariño que no supe dedicarle en vida.





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domingo, diciembre 10, 2006

San Martín

El ex dictador Augusto Pinochet la ha palmado.

Para todos los que sufrieron y aún sufren, a pesar de este particular día de San Martín que tanto esperábamos:

viernes, diciembre 08, 2006

Mecanoscrit del segon origen, de Manuel de Pedrolo


El mes pasado revisité Mecanoscrit del segon origen. La primera lectura la hice, si mal no recuerdo, en 7.º de E.G.B., dentro de la asignatura de lengua catalana. Para entonces (a caballo entre los once y los doce años) ya era lector empedernido de ciencia ficción. Con los típicos prejuicios de un chavalín que estrena adolescencia: la mejor ciencia ficción (y, por ende, cualquier cosa) viene de los Estados Unidos; como mucho, de Gran Bretaña.



Recuerdo haber devorado el libro (a pesar de que, aun entonces, leer en catalán me suponía un serio esfuerzo) y quedarme boquiabierto ante los temas que trataba, en gran parte nuevos para alguien educado en la doctrina católica y en una casa muy dada a los tabús.



La presentación de la trama creo que es de sobras conocida: un día, una invasión de platillos volantes aniquila a la humanidad. Alba es una chica de catorce años que, en el momento en que los alienígenas usaban su arma aniquiladora (una onda sónica que colapsa a todos los mamíferos y derriba los edificios más altos de dos plantas) se había sumergido en una balsa para rescatar a un vecino de su pueblo, Dídac, un niño de nueve años negro que otros críos del pueblo habían arrojado al agua por el mero hecho del color de su piel.



Al salir de la balsa se encuentran con que su pueblo, Benaura, ha sido arrasado y todos los hombres, mujeres, niños y mamíferos están muertos. Desde ese momento, y a lo largo de cuatro años, a modo de nuevo Génesis, se narran los esfuerzos del niño y de la joven por sobrevivir, trampeando con los restos de la civilización que pueden rescatar, reparar y utilizar, y estableciendo, a través de los conocimientos y el sentido común de Alba, unas pautas sociales y morales que los conduzca a ser los padres del renacimiento de la humanidad.



A través de los ojos inocentes de Alba, y en menor medida de los más inocentes aún de Dídac, De Pedrolo nos muestra las contradicciones de nuestra sociedad, aplastada por una fuerza externa a ella, ignorante de sus miserias y sus patéticos logros, de su moralidad, sus ambiciones y sus esperanzas. En los dos niños queda la esperanza de un nuevo inicio, que sólo será posible descartando gran parte de los códigos morales impuestos por la ya extinta sociedad. Hombre y mujer trabajan codo con codo, se confiesan sus miedos más íntimos, se apoyan sin reserva, claudican ante cualquier muestra de orgullo para trabajar como un ente orgánico completamente simbiótico. Y muestran la inutilidad de los tabús, como la diferencia de edad, la desnudez y el sexo, necesario, por otra parte, si no quieren que la humanidad acabe en ellos.



En el aspecto formal, De Pedrolo delega en los científicos del séptimo milenio tras los hechos narrados la investigación sobre la veracidad del manuscrito, hallado cuatro mil años atrás. Dicho manuscrito está escrito en forma de libros, cada uno de ellos bautizando la nueva época (el Tiempo Tercero) y divididos a su vez en versículos, cada uno de ellos narrando un hecho concreto de la epopeya de Alba y Dídac. El lenguaje de De Pedrolo es rico, más no intrincado, y demuestra un gusto por la experimentación formal que redunda en el impacto visual y sentimental del libro.



Si podéis leerlo en su idioma original, podréis disfrutar de la narrativa de uno de los autores más prolíficos del siglo pasado en catalán. Aun así, si os hacéis con la traducción al castellano, podréis comprobar como el manejo del género por parte de De Pedrolo no necesita de clichés ni de visitar espacios comunes, sino plantear una premisa y conducirla a través de la lógica para utilizar las herramientas que la ciencia ficción ofrece para conocer, un poquito más a fondo, la materia del alma humana.



Manuel de Pedrolo, Mecanoscrit del segon origen

Sàpiens Publicacions, Biblioteca Bàsica d'El Periódico, núm. 12

Barcelona, 2005








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jueves, diciembre 07, 2006

Consejos: presupuestos

Cuando pidáis un presupuesto (por ejemplo, así, a bote pronto, de un armario empotrado) no deis paga y señal hasta que no hayan tomado todas las medidas se hayan solventado todas las dudas.

Y si os dicen de hacer cambios una vez dada la paga y señal, insistid en que lo que queréis vale lo que hay en el presupuesto. No os echéis atrás, pedid el libro de reclamación o amenazad con ir a la junta de arbitraje. Sin arrugarse. Los consumidores tenemos derechos que muchas veces no ejercemos, ya sea por dejadez, por desconocimiento o por las prácticas de desinformación del vendedor.

(Sí, ya podéis imaginaros que he tenido una tarde divertida...)