jueves, septiembre 04, 2008

Pintan bastos, y reciben los mismos


La crisis está aquí, y ha venido para quedarse. O eso apuntan los más agoreros y/o alarmistas (con los medios de comunicación que nos hemos ganado, no veo yo mucha diferencia).

El refranero popular es una fuente inagotable de dichos, valga la rebuznancia, populares. Una de ellas, que ilustra lo que quiero comentar, es aquella de que, cuando se hunde el barco, las ratas huyen primero. O algo así. No estoy muy puesto en el refranero, lo reconozco. Hoy, el partido que parecía huir de propuestas populistas (no sé por qué me persiguen los adjetivos derivados del latín populus en materia social... eh... uh..., rectifico, que acabo de acordarme de los 400 euros de "regalo" por votarlos... El partido que parecía huir de medidas populistas en materia de inmigración hoy pega un vuelco y, aprovechando el miedo a la crisis, pega el portazo a la inmigración. La "legal", se entiende.

("Santiago y cierra España", le faltó decir.)

A poco que uno piense, se da cuenta de:

1) Le arrebata, en el momento adecuado, esta arma electoral (la del miedo a los foráneos) a los populares (populus, populi);
2) Además, deja a los partidos a su izquierda (un territorio que queda cada día más amplio, a juzgar por los derroteros sarkozianos que está tomando el gobierno de ZP) en terreno enfangado, porque si un partido nominalmente socialista y obrero argumenta que, ante el paro rampante, los españoles van primero, ¿quién se lo va a rebatir?

Pero claro, a uno le da cierta grima que, tras un año aproximadamente de cantar que viene el lobo (léase la crisis), esta medida vaya a aportar algo. Porque, en caso de que usted o yo nos quedemos en el paro, y no procedamos de la hostelería, la construcción o la limpieza, ¿aceptaríamos un trabajo precario en estos ramos? Sí, usted, el profesional de la arquitectura, o de la informática, ¿se ve amenazado por hordas indias, magrebís o chinas? Porque esta es la lectura que, si uno no se esfuerza en discriminar, parece desprenderse de las palabras de Corbacho (el Celestino, el ministro, no el José, aunque sean de la misma ciudad).

Las causas de las crisis parecen bastante más complicadas que una hipotética saturación del mercado laboral del país; algo que, en situaciones de bonanza, es en sí un oxímoron, como creo (y si me equivoco, dejo a historiadores y sociólogos que me ilustren) que ocurrió en Cataluña, Madrid y Euskadi entre los decenios de los años cincuenta a los setenta.

Sin embargo, a los políticos de barra de bar y tertulianos de sofá no nos va eso de analizar la situación socioeconómica del país con profundidad: no lo hacen los políticos, lo vamos a hacer nosotros, que recogemos sólo las migajas ideológicas que en forma de titulares nos van soltando a través de los medios amigos, o convenientemente tergiversadas (que tampoco es tan difícil) por los hostiles.

Dice Juan Varela:

Pero es más fácil gritar los españoles primero y olvidarse de las ingratas tareas de regular mejor el mercado laboral, aumentar la inspección, flexibilizar la contratación para mejorar la calidad y posibilidad de nuevos empleos en lugar de rebajar siempre cotizaciones y salarios, y educar a los españoles en las consecuencias irreversibles de la globalización y el desarrollo económico.
El mercado laboral es internacional, no local, y los hijos del estado del bienestar están ubicados en las partes altas de la pirámide laboral y social. O son capaces de encontrar trabajos de mayor calidad por su educación y especialización o deben competir con las nuevas clases trabajadoras que surgen de una inmigración que siempre, siempre, es sinónimo de riqueza.
Porque esa es la otra cara de la inmigración. Obedece tanto a las duras reglas del mercado que se frena cuando no hay trabajo y aumenta cuando una economía crece.
Con la única excepción de la inmigración de la desesperación. La que muere todos los días en las costas de África y España antes de malvivir en sus países.



Quizá la depuración de un mercado que ha vivido del pelotazo del ladrillo durante tanto tiempo (y que ha hecho oídos sordos durante ese tiempo y más a las voces que advertían del santo fostión que nos esperaba), que ha dilapidado las ayudas comunitarias (¿alguien dijo lino), que ha descuidado la formación, el I+D y que ha permitido un desequilibro tan radical en sus territorios (no, no estoy haciendo coña con las reivindicaciones de Cataluña y Extremadura: las ayudas comunitarias y los fondos de cohesión estaban, se supone, para que todos viviésemos bien, ¿no?) habría desactivado propuestas tan lamentablemente demagógicas y populistas, haciendo que quien las verbaliza se ruborizase hasta las cachas ante las risotadas del respetable.

Pero, claro, eso exige un esfuerzo. Empezando por la clase política y acabando por nosotros mismos, hijos catódicos del tomate y el fútbol. Panem et circenses, populi.

4 comentarios:

Jordi Enric dijo...

Por lo que he escuchado en la radio esta tarde, parece que ahora De la Vega ha desmentido a Corbacho y se han hechado atrás. Dicen, que no van a modificar su política de inmigración.

La política es ,cada vez más, basura.

Voy a arreglarme que creo recordar que he quedado con un grupillo de frikis para cenar e ir al cine...

Álex Vidal dijo...

Sí, lo han obligado a retractarse... pero el mal ya está hecho: han dejado caer que pueden aplicar esa norma y le han arrebatado al PP el monopolio del miedo al extranjero en un momento en que, ante el miedo a la crisis, esas ideas demagógicas calan en el electorado como el chirimiri. Quizá haya sido el último caso de "globo sonda" lanzado a la sociedad para captar su reacción y actuar en consecuencia.

¿Friqui, yooo? :P Tú no conoces el poder del Reverso Tenebroso...

manu dijo...

Panem amb tomaquem... Y agarraos, que pronto llegarán las curvas más peligrosas de la crisis.

Jordi Enric dijo...

"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados.

MARX, Groucho