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jueves, marzo 04, 2010

Crónicas marcianas

¿Qué diríais si os diese a leer un libro que habla de un tiempo futuro ya pasado (una novela escrita hace varias décadas y ambientada entre 1999 y 2029)? ¿Y si, además, habla de un Marte apenas diferente a la Tierra, donde los humanos viajan en cohetes (sí, cohetes, de esos plateados que aterrizan de pie, y que incluso una familia puede alquilar y pilotar), y los marcianos (sí, sí: marcianos) son un poco más bajos, tienen ojos dorados, piel bronceada, beben aire y utilizan los sueños como medio para comunicarse (o no)?

Ya. La suspensión de la incredulidad se va de paseo. Y el sentido de la maravilla lo tendría muy crudo para sostener ella solita la narración.

Y sin embargo...

Sin embargo, Ray Bradbury escribió este fix-up con semejantes cimientos; unos elementos de la narración que, ya en el año 1949, debían de parecer un pelín, un pelín inverosímiles. Aun así, después de tantos años como lector (pero teniendo en cuenta, ¡ay!, cuántos libros excepcionales me quedan por leer...), con cada relectura sigue manteníéndose en ese puesto.

El de mi libro favorito.

El secreto, que no es tal, parte precisamente de esa sensación de irrealidad con la que ya se abre el libro, y que marca el tono a seguir: Bradbury no pretende narrarnos una aventura espacial; una epopeya épica, aunque haya algo de ello en la historia de la colonización de Marte, ni una especulación sobre otra civilización: Crónicas marcianas es, sobre todo, un viaje interior. Como tal, se abre con un cohete que, con la ignición, trae un verano brusco y fugaz al invierno en Ohio. Sin épica, sin entornos futuristas, sin alharacas: un cohete, un paisaje, un estado de ánimo. Una de las mejores declaraciones de intenciones.

En este viaje interior que nos propone, los marcianos servirán, en ocasiones, como el contrapunto inocente de una humanidad claramente aquejada por una compulsión autodestructiva. Más adelante, se convertirán en unas víctimas que luchan por sobrevivir aprovechando las debilidades humanas, para sucumbir por un hombre que es incapaz de tener algo bello sin destruirlo.


Pero si el afán destructor de la humanidad es el eje que vertebra el libro (pues casi todos los personajes, por una razón u otra, huyen de él; digamos que es el motor de casi toda acción) los verdaderos temas de Crónicas marcianas los portan estos en sus mochilas: la soledad, la incomprensión, los sueños rotos, la imaginación adocenada, el adocenamiento social, la esperanza. Sí, porque los dos últimos cuentos, quizá los más conmovedores del género, acaban con una chispa de esperanza que dota al libro de un mínimo tono optimista para no hacerlo desesperadamente pesimista. Y, a su vez, ofrece una cierta redención a la naturaleza cruel y autodestructiva del hombre.

En resumidas cuentas, Crónicas marcianas podría catalogarse como una fábula de ciencia ficción, un libro de cuentos para niños adultos, o para adultos que mantienen el sentido de la maravilla de los niños. Un libro para dejarse seducir. Un libro maravilloso.

miércoles, abril 15, 2009

De la falta de corrección de estilo en La sombra del viento

Cito del Diccionario de la Real Academia:

condoler.

(Del lat. condolēre).

1. tr. ant. compadecer.

2. prnl. compadecerse (‖ sentir lástima).


Cito ahora del superventas de Carlos Ruiz Zafón:

Se me ocurrió hacer una gracia sobre [su hermana] y, antes de que pudiese parpadear, Tomás Aguilar cayó sobre mí como un diluvio de puñetazos que me dejó varias semanas condolido.


Dejando aparte la metáfora tan literal, que una soberana paliza deje a una persona compadeciéndose me parecería bastante secundario; seguramente se dolería más de las heridas.

Y alguna incoherencia así de vez en cuando tiene un pase, pero es que es una tras otra tras otra. ¿Os extraña que me cueste tanto la lectura de La sombra del viento?

viernes, octubre 31, 2008

No sabremos qué es la ciencia ficción, pero...

La ciencia ficción abre horizontes que no le cabe explorar: sus símbolos son las leyendas que en los antiguos mapas trazaban la geografía de las ignorancias. Con su ironía y su optimismo, su ingenuidad y su crítica, su terrorismo y su esperanza, la ciencia ficción invita a pensar. Aunque su ciclo acabe sin estruendo, no sólo habrá vencido las resistencias del mundo de la cultura, sino que habrá sido capaz de renovar la capacidad de asombro del hombre contemporáneo.

Pablo Capanna, Ciencia ficción: Utopía y mercado

Pertenece a las conclusiones del último capítulo de su ensayo. Si os perdéis los referentes (las leyendas, las características y la historia del género), id a comprar su libro (publicado por Cántaro en Argentina: no debe ser difícil de conseguir). Absolutamente recomendable. No: imprescindible.

Venga. ¿Qué esperáis? Saltad. Hop. Hop. Hop.

Post-scriptum: pues parece que, en su página web, sí que es difícil de conseguir. No aparece en su tienda virtual. Me da como cosa ser tan descarado y decir que en la librería Gigamesh podréis encontrar algún ejemplar. Quizá en Cyberdark. Id probando.

martes, septiembre 16, 2008

Corbatas

En mi primer trabajo me obligaban a llevar corbata.

Antes sólo lo había llevado a alguna boda y por exigencias del guion. La primera corbata que me compraron, la que llevé el día de mi comunión (sí, todos tenemos un oscuro pasado), era de las de falso nudo y goma para ajustarla al cuello. ¡Si en mi boda llevé cuello mao para no usarla!


Y diréis que no es para tanto, que te acostumbras a ella y que, en el entorno laboral habitual es común. Que lo mío son ganas de destacar, pereza o incluso madurez.

Mi problema con las corbatas tienen dos vertientes:

1. Vertiente física: Tengo un cuello bastante recio, y no estoy acostumbrado a ceñírmelo. Jamás he cerrado el botón superior de la camisa cuando la uso, pues lo habitual es que vista camiseta (más cómoda), así que cuando he tenido que disfrazarme de persona elegante, he tenido que dejar el nudo de la corbata suelto, e incluso ocultando el botón desabrochado, para evitar la sensación de ahogo.

2. Vertiente ideológica: ¿Acaso una corbata me ha de hacer más serio, más profesional, más eficiente? Yo creía que eso se demostraba a través del trabajo realizado, y no amoldándose a una apariencia profesional predefinida. Porque se trata de eso: de apariencias.

Así que con acudir limpio, despierto y sonriente al trabajo no había suficiente: había que vestir corbata. Vestido o traje para las chicas, pero para los chicos, corbata. Y daba igual que no conjuntase con el pantalón y la camisa: en ese sentido, cometí auténticas barbaridades cromáticas y ninguno de los directivos (el director general, Pepe, y sobre todo la directora de recursos humanos y a la sazón su esposa, Pilar, el poli bueno y la poli mala del buen vestir para el consultor y el programador) tuvo ni una sóla queja. Ahora, una zapatilla deportiva, unos tejanos, una camiseta, y en diez minutos eras el hazmerreír de la central en Las Rozas.

A los dos meses mi incorporación (con una "beca", que no era más que un cursillo en horario laboral por el que pagaban 70.000 pesetas en negro), me destinaron (con nómina y alta en la Seguridad Social) a la sucursal en Barcelona, por aquel entonces un despacho en dos alas en un edificio de l'Eixample, con apenas seis personas programando en Cobol, cuatro (yo entre ellas) en Oracle, y una secretaría. El director de la oficina vivía en Madrid, así que, una vez al mes, volaba a Barcelona y ocupaba su despacho durante unos cuatro días en total.

Como, a pesar de no ser el mejor programador del mundo (es lo que tiene la intrusión laboral), me llevaba muy bien con mis compañeros (sobre todo con el equipo de trabajo de Oracle, con los que trabé muy buena amistad), me permitieron hacer algo que alguno de ellos ya llevaba años haciendo: guardar la corbata en un cajón para ponérmela cuando Carlos, el director de la sucursal, aparecía por la puerta, y quitármela cuando la cerraba tras él.

A fin de cuentas, me valoraban por el trabajo que desempeñaba, y al cabo de un año y un mes, fui yo quien, harto de un entorno laboral, la programación a medida para clientes financieros, que no me motivaba; de la competitividad rampante (otro día hablaré del chulito que entró como consultor raso y, digamos que haciendo uso de su apariencia física -jugador de balonmano-, consiguió que Pilar lo nombrase director de la sucursal por delante de otros cuya valía profesional -su trabajo- no se merecía el ostracismo), y de aguantar un ambiente viciado por el humo del tabaco.

Más adelante, en otro trabajo, demostré que mi profesionalidad no tenía nada que ver con la forma de vestir. Cuando ofreces servicio como help-desk, el usuario valora que le ofrezcas una solución. Y que lo escuches. Ahí también hice muy buenos amigos. Y que mi compañero de trabajo, trajeado él, emprendiese una campaña de acoso y derribo: se sintió amenazado por mi eficiencia y con mi buena relación con el personal. En fin, él se quedó con el puesto de director de IT, y yo desembarqué en otro trabajo más divertido donde, me parece, la apariencia es lo de menos.

O no.


¿Hay corbatas en el género? Sin lugar a dudas, sí. Porque hay gente que lee género (fantasía, ciencia ficción, terror, aunque la madre del cordero de todos los debates es la CF) que tenga apariencia de género. Que tenga una corbata bien vistosa, clásicota; mucha nave, mucha tecnojerga, mucha apariencia pseudocientífica. Hay gente que huye de las corbatas más hard como de la peste, señalándolos con dedo acusica. Las suyas son corbatas respetables, de marca. También hay obras vestidas con corbatas más al gusto mainstream, que mezclan con descaro lo mejor de ambos mundos, o que directamente usan una corbata con bermudas tejanas, camiseta rota y tirantes. Que se ríe de las convenciones. Y es que la risa es buena, es sana, es subversiva ¿Y qué importará la corbata, si lo que buscamos es una obra que cumpla, por lo menos, con unos requisitos mínimos? Vistámonos con ellas o deshagámonos de ellas, pero no permitamos definir las obras sólo a través del color y el corte de la corbata. Los requisitos a los que hacía referencia son los que conforman la narrativa: trama, temas, tono, personajes, conflictos, resoluciones, etc, elementos que conforman la obra con independencia del género. Por eso me subleva, tanto como que me obliguen a vestir con traje y corbata para pogramar en una sala cerrada "para ofrecer una buena imagen" a unas visitas que no van a dignarse a pasar entre unos currantes, que el lector o espectador discrimine una obra porque aparezcan o no naves espaciales; porque los efectos especiales sean espectaculares o sólo sean renderizaciones cutres; que la obra sea española, americana o iraní; porque los personajes estén de buen ver o sean más feos que pegarle al padre; porque salgan tetas, pollas y culos o dejen de salir; o por cualquiera de las apariencias por las que nuestros prejuicios corbateriles lleva a cerrar la tapa del libro, a cambiar de cadena o a buscar un burger abierto y hacer caso omiso a la narración y los elementos que mencionaba antes, que el lector/espectador disfrutaría si no fuera por esas apariencias, esos prejuicios.

miércoles, enero 02, 2008

Ay, compra, reina, que me lo quitan de las manos...

De hace un ratito, en la web de La Casa del Libro:



(Gracias, Mon.)

jueves, diciembre 20, 2007

La pregunta del millón más 20 segundos de gloria

¿Cuándo sale Festín de cuervos?


Hace un par de semanas, dije esto:

(Mirad hacia el final del programa. Si no conseguís verlo bien, pinchad al final de esta página 2 para ver el programa).

Ahora ya todos sabéis que, el viernes 21, se pone a la venta. Venid maqueados a la tienda, que os sacaré unas foticos :)

sábado, diciembre 08, 2007

Contra los dogmas

Esta entrada viene relacionada con la anterior, aunque no lo parezca. "Brilliant Disguise" me transporta a una época, en plena turbulencia adolescente, donde tomé muchas decisiones.

Y una de las que recuerdo con mayor "potencia", y de las que más me alegro, fue la de desechar de mi vida el dogma católico.

Sinceramente, era una decisión que llegó de manera natural: en mi forma de observar el mundo no encajaban tantas inconsistencias. Y en particular, me molestaba ese círculo vicioso que impide formular preguntas y satisfacer la curiosidad; algo inherente al ser humano y que nos ha permitido llegar hasta aquí: el dogma de fe. Porque, para ser católico (hablo de mi caso concreto, pero vale para cualquier terreno religioso, político y moral que uno se plantee) había que creer, y plantearse dudas, ni siquiera preguntar, era traicionar el dogma y, por ende, ir a parar al infierno. Bonito razonamiento cíclico para mantener la fidelidad de los fieles (valga la redundancia). Aquí te presento una afirmación cuya duda o negación implica tu destrucción.

A mí, este argumento ya me parece suficiente para descartar cualquier creencia (porque, en el fondo, todas me parecen sujetas a un apriorismo que me espeluzna. Aunque no tenga una solución para la muerte, prefiero no llenarme la cabeza de imaginaciones -más allá de las que pueda plasmar en una novela, claro-); aun así, respeto la sensibilidad de cada uno, aquello que se llama el hecho religioso, tan inherente al ser humano como la curiosidad, aunque esta se fundamente en la razón y aquella más bien en el miedo o, en florido eufemismo, ante la metafísica.

Pero lo que ya me rebela es lo que viene aparejado con el dogma, que no deja de ser un artero instrumento de algo tangiblemente pero: la jerarquía religiosa que se vale del dogma para administrar el hecho religioso íntimo de sus vecinos. Salvo honrosas excepciones (que a mí no se me ocurren ahora mismo), acaba con suntuosos templos, clases eclesiásticas opulentas y unos fieles sujetos a unas normas y que alimentan el poder de la jerarquía. No niego que, en ocasiones, las clases dirigentes religiosas han propiciado iniciativas más que loables (obras de caridad, lucha contra la pobreza, refugios, y un largo etcétera); pero en otras, demasiadas ocasiones, y con demasiados ejemplos en la Historia, han conducido o han justificado desmanes horribles (guerras, opresión, oscurantismo).

En el fondo, sacar a relucir ideas tan íntimas es algo en lo que no me siento muy cómodo, al menos de manera tan pornográficamente emocional, y por tanto no hablo de ello con frecuencia. Pero, junto con la entrada de ayer y esta otra de Rudy, han hecho que, tras leer esta noticia me haya visto impulsado a dejar constancia aquí. Y a aconsejar a cualquiera que recale en estas líneas algo: id a ver la película. O mejor aún, leed el libro, que es una gozada en cuanto a imaginación y originalidad. Una novela con aspecto juvenil, escrito para gente inteligente, rehuyendo de tópicos y maniqueísmos.

¿Y por qué os doy este consejo en cuestión? Aparte de lo arriba expuesto, por varias razones:

1. Me toca soberanamente los co... mis fundamentos cualquier atentado al libre albedrío y, por extensión, a la inteligencia de las personas;

2. Por coherencia: si estas asociaciones están seguras de la posesión de la verdad, ¿qué les hace pensar que las familias católicas que vayan a verla no sabrán educar a sus hijos en la Fe? ¿Inseguridad, miedo? ¿Tan endebles son los fundamentos?

3. Porque el libro, repito, es una gozada. Admite lecturas a varios niveles, tan disfrutable para los jóvenes como para adultos, y que permite el debate sobre conceptos tales como la amistad, la verdad, el poder, y algo que me maravilla, desbancar lo que es correcto a lo que, simplemente, parece correcto. Antidogmático.

Luces del Norte. Yo lo tengo en edición de bolsillo, que es más barata... :D4. Y volvemos a los dogmas: prohibir siempre ha sido una de las herramientas más efectivas para perpetuar los dogmas. Leer, viajar, contrastar ideas y opiniones es lo que nos permite adoptar diversos puntos de vista, abrir la conciencia y eludir la trampa sutil del dogma que pretenden mantener a una masa sumisa en el redil de las ideas totalitarias, sean estas políticas o religiosas. Prohibir ver La brújula dorada es tan supinamente estúpido como condenar a unos dibujantes por supuestas vejaciones a la Casa Real, como lanzar una fatwa por unas caricaturas de Mahoma, o solicitar la retirada de Polònia o Muchachada Nuí. O enarbolar banderas y alentar conflictos, ya sea aquí, allí o en todas partes.

Todo esto se reduce, al fin y al cabo, en un único mandamiento: pensad, coño, pensad.

jueves, noviembre 08, 2007

Why go HispaCon

Juanma se pregunta cuáles pueden ser los motivos para que muchos asistentes habituales hayan preferido no asistir a la HispaCon de este año.

Para aquellos de vosotros que me leáis y no sepáis lo que es (pero, ¿hay lectores de este blog que no lo sepan? Es más, ¿hay lectores de este blog...?), aquí encontraréis información sobre el concepto de las HispaCones.

Bueno, embarrando pies y manos en el ombliguismo más absoluto (al fin y al cabo, es un blog, y como dice Juan Luis Cebrián...), dos han sido básicamente los motivos por los que he decidido no acercarme este año a Sevilla. Voy a intentar analizarlos con un poco de detenimiento:

Primer motivo: resulta que el concierto de !!! está programado dentro de la sesión de viernes del Razzmatazz. Así que mucho hacer cola en la puerta, para pasarnos las dos primeras horas pegados a la valla de primera fila (sí, soy de esos masocas que prefieren que lo aplasten y berrear ante el grupo) bailando al ritmo de los DJs, cosa que no habría estado del todo mal si no fuese porque la segunda hora fue de un agobio agobiante (empellones quiero creer que accidentales, luchas subrepticias por nuestro bien defendido hueco, el humo del tabaco y de los porros -estos últimos menos molestos que los primeros- en una sala supuestamente "libre de humos"). Nuria, que decidió el día antes venir porque, por fin, escuchó sin prejuicios el Myth Takes, visto el percal se subió a la balconada a la derecha del escenario, donde pudo sentarse tranquilamente sin que la aplastasen.



Y a las tres se corrieron las cortinas y se puso en marcha la máquina rítmica, a todo trapo, y evidenciando la pésima infraestructura de sonido de la sala. Donde la música tenía que ser apabullante, acabó siendo confusa; un engranaje nítido quedó en un sucio barrizal de sonido: bajos distorsionados, agudos estridentes, y voces perdidas en el maremágnum. Pero la actitud, ¡ah, amigos!, la actitud pagó con creces la carencia acústica, y Nic Offert y los suyos encararon al público desde el primer momento. Si los comentaristas deportivos, en los demasiado habituales momentos de ahuyentar silencios con cháchara sin sentido, aseguran que el público es el duodécimo jugador del equipo local, !!! busca, casi exige, y obtiene la participación del público en su música, como un cantante más (o más bien como un alocado y enfervorizado fan), el miembro número ocho del grupo (tras la deserción de John Pough) aunque en muchas ocasiones, dado el sonido tan voluptuoso, quienes estamos más habituados a los sencillos coros del pop nos encontramos perdidos, sin saber qué toca: intentar seguir el estribillo en neoyorquino a todo trapo, batir palmas, saltar, o todo ello a la vez.

Soy muy malo recordando setlists, y muy perezoso para apuntarlo durante el concierto (y qué demonios, voy a disfrutar de él, no ha hacer reportajes para Rockdelux) pero casi todo el repertorio se centró en Myth Takes: como dije en su momento, un disco compacto (no me refiero al formato, sino al contenido) y directo al escroto, mucho más adecuado para un directo que no las canciones más desvaídas de sus anteriores trabajos. Arrancaron con "Bend Over Beethoven" (creo recordar), para atacar "All My Heroes Are Weirdos" (el despiporre, con Offert bajando al nivel del público, chocando las manos, agarrándose y volcando su torso sobre el público), "Must Be the Moon", "A New Name" y "Pardon My Freedom". Después creo que llegó el éxtasis con "Heart of Hearts", "Yadnus", me parece recordar el "Sweet Life", cantado por Shannon, todo un chorro de voz y de energía, y sólo puedo suponer que acabaron con "Take Ecstasy With Me", pero a estas alturas no me pidáis grandes esfuerzos... Poco más de una hora que se hizo corta, muy corta, pero muy muy intensa.



Offert es un vendaval que focaliza toda la atención. Choqué manos dos veces con él; Nuria, sentada en la balconada a sus buenos seis metros de altura lo tuvo a apenas dos palmos cuando se subió sobre una de las torres laterales de amplis, cosa que ya había hecho en el lado opuesto del escenario. Precisamente en "A New Name" una colgada (en sentido literal; su cara de beatitud sugería mucha sustancia lisérgica en un cuerpo tan juncal) se subió al (bueno, logró encaramarse y sentarse en el borde del) escenario para recibir los cariños de los cantantes, a los que lanzó un beso tan etéreo como su sobriedad. El pobre segurata (lo de pobre se explica después) la bajó con cuidado, no sin poder evitar que se le resbalase dos veces, y en cuanto se giró, tres chicas más habían asaltado el escenario ante el regocijo de Nic Offert, que disfrutó de lo lindo bailando, y desconcertó al pobre miembro de la seguridad, pidiéndole que las dejase estar allí con él. Estos asaltos se repitieron tres veces (la última ocasión me permitió leer la talla del zapato de la última chiquilla que subió...), con tocamientos impúdicos por ambas partes, a mayor hilaridad del público.

Ronco, empapado en sudor y completamente extenuado (horas antes había ido al gimnasio, si es que ya me vale...), aun así nos quedamos un ratito a la sesión de baile, con la pista ya más despejada y con esa música del Déjà Vu que ya no nos ponen en ningún sitio.

Bueno, después de desmenuzar el primer motivo, vamos a por el

Segundo motivo: si tengo que escoger entre una HispaCon y un concierto de !!!, o de Arcade Fire, o de Simple Minds, o de algún artista que me guste, mucho o poco... creo que me inclino por la música.

Y no me malinterpretéis: me lo paso bien en las hispacones: veo a amigos de las cuatro direcciones de la rosa de los vientos, comentamos nuestros gustos y aficiones (no sólo sobre género), y comemos y bebemos y nos reímos e, incluso, de vez en cuando asisto a algún acto, algunos tan sublimes como la mesa redonda en que participaron César Mallorquí, Fernando Ángel Moreno, José Luis Merino, Lorenzo Silva y José Carlos Somoza. Pero cada vez asisto a menos actos, porque muchos de ellos ya me suenan, ya los he visto, ya ha habido algo parecido. Es como una especie del día de la marmota, más sutil y temática. No es, ni mucho menos, una crítica a los programas de cada HispaCon en particular, sino al concepto en sí. Es inevitable que haya alguna mesa redonda en la que se hable del estado del género en España, o del gueto, o de la edición; charlas con autores a los que, en su gran parte, conocemos por habernos tomado unas cañas con ellos y haber pasado buenos momentos. ¿Se podría ofrecer algo más, alguna innovación, alguna renovación? Quizá sí. Quizá sería necesario un enfoque hacia la promoción de la lectura, a indagar en corrientes paralelas, o que cruzamos sin advertirlas: no me cabe en la cabeza pasar por alto libros y autores de fantasía que venden a cascoporro, caso de Laura Gallego o Philip Pullman, o a los autores arriba mencionados, pero que cada alberga una convención dedicada en exclusiva a la figura de Pascual Enguídanos; u omitir a la literatura infantil y juvenil, cuando una parte nada despreciable de este sector del público se nutre, de una forma a otra, del fantástico. Y que no haya más representación editorial que las editoriales "de género".

Quizá la solución sea la profesionalización. O quizá nos falte el elemento adecuado, la piedra filosofal del fándom. Pero sería buena cosa desperezarnos un poquito y darle vueltas al asunto.


Pearl Jam: Why Go

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martes, octubre 23, 2007

Mañana empezamos

No, no es la expresión de uno de esos deseos que nunca se materializan, en plan Año Nuevo; nada de eso. Mañana empieza la segunda temporada del club de lectura dedicado a la literatura fantástica que se organiza en la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona.

Y por esas vicisitudes que son características de la vida, este año le tomo el relevo a Pau en la conducción del club. Al menos nominalmente; en la práctica, acabaremos ayudándonos, o llevándolo a la par, o estorbándonos, o vete a saber qué otras sorpresas nos puede deparar la interacción de nuestras ecuaciones de onda colapsando una vez al mes en la plaça Lesseps.

La tarea será complicada: Pau dejó el listón muy alto el año pasado (no, Pau, no te estoy haciendo la pelota, que yo no soy de esos). Además, me enfrentó a mi proverbial (irónicamente hablando) colapso vocal ante un público de más de dos personas dispuestas en acto oficial (después, en un bar o en un restaurante, no me corto ni un pelo; ¿para qué creéis, si no, que escribo aquí?).

No os voy a ocultar lo que siento ahora, a unas horas de la inauguración del club 2.0: ilusión :)

Las sesiones se celebrarán el cuarto miércoles de cada mes y, según me comentaron la semana pasada, el club ya está lleno. Las fechas en que se celebrarán, y el libro que se repartirá para comentar en la siguiente sesión, serán:

24/10/07 Un mundo feliz, de Aldous Huxley
21/11/07 Aranmanoth, de Ana María Matute
19/12/07 La pell freda, de Albert Sánchez Piñol
23/01/08 La invención de Morel, de Alfredo Bioy Casares
27/02/08 Leyes de mercado, de Richard Morgan
26/03/08 La historia de tu vida, de Ted Chiang
30/04/08 Pedro Páramo, de Juan Rulfo
28/05/08 El prestigio, de Christopher Priest

Un listado ecléctico, condicionado en parte por las restricciones bibliotecarias (algunos libros se aprovechan de otros clubs de lectura), pero con novedades que a Pau y a mí nos parecían suficientemente interesantes para ampliar la panorámica y no quedarnos sólo en los clásicos.

Ya os iré comentando cómo se desarrolla el asunto. Por el momento, Un mundo feliz me ha proporcionado unas cuantas horas intensas de reflexión y de curro.

Deseadme suerte ;)

domingo, octubre 14, 2007

El prestigio, Christopher Priest


Retomé su lectura hace poco, pues quedó varado en su nicho en el anaquel, hace algún año o dos, víctima de la procrastinación lectora.

No era buena señal. No tiene por qué ser mala, pero esos hechos, por ser naturales, acostumbran a ser sintomáticos.

Y ahora que he conseguido acabarlo, puedo confirmar mis peores sospechas: me ha aburrido.

No todo va a ser culpa del autor: una traducción que confunde el Middle East con el Levante tiene su miga. Si unimos eso al hecho de que dos de los cinco apartados en que se divide el libro está narrado por dos magos con ínfulas de finales del XIX, con su lenguaje engolado, os podéis hacer una idea de lo difícil que cuesta a veces desgranar pasajes completamente áridos.

Pero es que, además, la narración no ha conseguido interesarme en ningún momento. Quizá, como dice Juanma, gana en la relectura (si uno tiene buena memoria y, tras ese castellano anquilosado y antinatural, uno es capaz de recordar los detalles de la trama), pero sinceramente, no me han quedado ganas. A pesar de ser menos ambicioso que The Separation, y quizá siendo una obra más pulida (en inglés, casi seguro), y más breve, no me han interesado en absoluto las andanzas de los magos. He visto una versión, otra, dos nexos de unión (los descendientes de los magos), y un capítulo final que me ha parecido una llufa, un "¿y para esto las 300 páginas anteriores?".

Viniendo del autor de El mundo invertido, La afirmación y El glamour, el término que se deriva de esta lectura, para mí, es decepción. Igual me equivoco. Ojalá me equivoque. Quizá alguno de vosotros pueda explicarme qué es lo que me he perdido, qué me ha fallado. Aquí dicen que está bien. Y aquí, también. Y aquí. Y conozco a los reseñistas y su criterio es particularmente fiable.

Igual sí que necesita una relectura... Pero es que no me apetece nada, nada, nada, volver a encontrarme con "pasé dos semanas alojado en tal casa, comiendo comida nutritiva y vigorizante". ¡Argh! Además, ni el final me aterró ni, por otra parte, me pareció en absoluto inesperado. Y el ritmo me ha parecido perezoso.

Me quedo una y mil veces antes con El glamour.

jueves, septiembre 27, 2007

El atlas de las nubes, David Mitchell


Prolijo. Fascinante. Vasto. Tres adjetivos a bote pronto para este libro. Una magnífica muestra de que si la ciencia ficción está estancada... Bueno, ni es toda la ciencia ficción, ni toda está junto a los libros de Tolkien y Asimov en el estante de El Tajo Británico.

Y eso aunque, al cerrar el libro, quedan más preguntas en el aire que respuestas a los enigmas planteados. De no ser por la calidad del libro, ahora mismo me estaría acordando de los ancestros del autor hasta el Australopitecos. Pero sólo está al alcance de los buenos libros dejar tan buen sabor de boca a base de interrogantes sin resolver.

Vale, y ¿de qué va el libro? Pues de cinco seis historias diferentes, narradas con distintas técnicas, distintos ritmos, distintos lenguajes, que abarcan desde el siglo XIX hasta un futuro postapocalíptico, engarzadas cual matriuskas, cada historia conteniendo a la siguiente y cerrándose desde el futuro hasta el pasado. Los hilos que las unen son, en su mayor parte, azarosos, y el motivo de que estén así enlazados es uno de los misterios que, al menos yo, no he sabido resolver.

Pero, además de las cinco seis historias, cuando uno menos se lo espera, estallan las auténticas minas que Mitchell ha dejado plantadas, agazapadas en diálogos, observaciones, hechos cotidianos que, sin sospecharlo, conducen al lector a reflexionar sobre los aspectos más diversos de la naturaleza humana: su destino, su impronta en el mundo, su aparentemente innata crueldad, la validez de los códigos morales...

Contenido brillante, estructura asombrosa, dominio de las técnicas literarias completo (y diría que casi un pelín exhibicionista, pero se le perdona)... y una traducción limpia y muy bien resuelta en sus capítulos más complicados. El mejor libro que llevo leído este año.

Y, además, está en la biblioteca Ca n'Altimira. Si eres de Cerdanyola y te gusta la ciencia ficción, es que no tienes excusa. Está disponible, que lo acabo de soltar hoy :)

Editando: Creo que pasé demasiado de puntillas sobre el tema de la traducción. Ya, trabajando donde trabajo, estoy excesivamente sensibilizado con el tema; por otra parte, como muchos de los lectores que crecieron con las traducciones de Ultramar y otros, mamé falsos amigos, modismos y otros errores que incorporé (como muchos) a nuestro lenguaje.
Así que, cuando nos encontramos con una buena traducción, es que ni reparamos en ella. Y si nos quejamos de otra, es que acostumbra a ser deleznable. Pero en el libro que aquí nos ocupa, el traductor ha realizado una labor encomiable que le tuvo que costar su buen trabajo. Cada historia está narrada en un registro diferente (culto, jocoso, policiaco, diario, cyberpunk, postapocalíptico con jerga) y en todos ellos la narración-traducción fluye y refleja casi a la perfección el tono y el estilo, resolviendo además a la perfección (bueno, sí, hay algún gazapo, pero ¿en qué libro no hay?) las dificultades, que en el caso de la narración postapocalíptica estan presentes en cada frase.

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lunes, septiembre 03, 2007

Formas de orar

—Los dioses hicieron nuestros cuerpos, así como nuestras almas, ¿no es verdad? Nos dieron voces para que los pudiéramos adorar con cánticos. Nos dieron manos para que pudiéramos construirles templos. Y nos dieron el deseo, para que copuláramos y los adorásemos de esa manera.
—Tengo que acordarme de comentárselo al Septón Supremo —dijo Tyrion—. Si me dejaran rezar con la polla, sería mucho más religioso. —Hizo un gesto con la mano—. Acepto encantado tu sugerencia.
George R.R. Martin, Choque de reyes


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miércoles, agosto 22, 2007

Enganchado irremisiblemente (de nuevo)

Lo bueno de maquetar (o compaginar, como queráis llamarlo) es que, quieras o no, al final acabas viendo (aunque no del todo, eso nunca) los entresijos de la, llamémosle así, "arquitectura literaria".

Lo malo: aunque no estás leyendo, porque no estás leyendo, los acontecimientos narrados se te filtran como por ósmosis.

Como sabéis (y si no, deberíais), a principios de agosto se puso a la venta la edición de bolsillo de Juego de tronos (para más info, aquí).

Martin es una de mis debilidades lectoras. Y lo descubrí con Muerte de la luz, maquetándola para Gigamesh.

Me encantan los libros de bolsillo. Los encuentro más cómodos y manejables; también más baratos y, para los que tenemos la estantería a reventar, muy prácticos.

Así que me hice con un ejemplar, lo abrí para disfrutar del prólogo... Y ya voy por la página 200. Pero con un aliciente: me lo estoy leyendo. De verdad. Y, ¡por los dioses antiguos y nuevos!, qué gustazo sentir el viento frío del Muro en los huesos, el humo de los banquentes en Invernalia y Desembarco del Rey, el vozarrón de pendenciero del rey Robert y, sobre todo, las sensaciones de cada uno de los personajes. Y descubrir unas cuantas premoniciones que me habían pasado desapercibidas. Y disfrutar con detalles que había leído a vuela pluma. Y engancharme a la trama de nuevo.

Y, claro, encontrarme con alguna errata :(

miércoles, junio 27, 2007

Premioz

Creo que ya os he contado que me hice fiel lector de Amos Oz antes de leerme ningún libro suyo: fue a raíz de una charla que impartió en el festival literario Kosmòpolis 2004. Su claridad intelectual y su humanismo me dejaron boquiabiertos. Eso, y la lectura de un fragmento de su obra Una historia de amor y oscuridad que reseñé aquí mismo.

Pues hoy le han concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Y me alegro por él, a pesar de que el concepto del premio en sí sea un pelín poco filantrópico, porque es un autor que se merece ser leído (que es lo mejor que le puede pasar a un escritor).

Y hablando de escribir...

domingo, junio 24, 2007

¡En marcha!

Verano. Días largos, largos atardeceres que invita a morosos paseos por las calles, y a dejar a la mente vagabundear por los vericuetos de la imaginación.

Esas horas que nos regala la estación también permite fijar imágenes; en mi caso, perder la vista en Collserola, o pasear por las calas de Calella, o conducir lejos de la ciudad, marca, atrae e inspira. Y la cercanía de las vacaciones permite mantener una agenda en blanco, la promesa de tiempo para otros proyectos.

Un proyecto del que nada puedo decir por el momento, pero que el viernes arrancó con un primer capítulo que, ¡oye!, no me quedó tan mal después de todo.

Por fin, ¡en marcha!

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miércoles, junio 20, 2007

¡He venido aquí para hablar de mis libros!

No es que quiera emular a Paco Umbral; si os fijáis en la columna de la derecha, sección Etiquetas, esta entrada en la decimoquinta del apartado Libros... mientras los comentarios sobre política pasan de la veintena (21 entradas escritas al calor de la rabia y de la mala follá)... ¡y 47 dedicadas a la música! (Simple Minds y Arcade Fire coparán unas 15 entradas cada uno, me imagino; no tengo ganas de contarlas ahora).

Esto, para un aspirante a escritor, resulta:

1. Mala señal, pues no le dedico lo suficiente a la práctica de la escritura ni tan siquiera en este cuaderno de bitácora; y se supone que un escritor ha de tener siempre las "manos calientes". Por tanto, empiezo a ser un "escritor frustrado". Y, además, de vez en cuando reseño libros. Ah, el tópico del crítico...

2. No leo tanto como debiera y me gustaría;

3. Y, aun así, ¿hablo más de música que de literatura? Vale: también soy un músico frustrado (tantos años repitiendo 2.º de piano... Nunca fue mi instrumento).

Así que, de todos los libros que han ido apareciendo en la sección "Últimas lecturas", os dejaré unas breves líneas sobre la impresión que me han causado.

Crónicas del Gran Tiempo, Fritz Leiber

Mi primera lectura de Leiber (sí, ya; uno tienes sus ignominiosas lagunas...). Un conjunto de relatos llenos de matices que van desde lo encantador hasta lo aterrador, pero destacable, sobre todo, por rodear al gran personaje, la Guerra del Tiempo, dejando traslucir un detalle aquí y otro allá, revelando apenas lo suficiente para que nuestra imaginación se maraville con un concepto que supera cualquier escala. Eso sí: como gran parte de la ciencia ficción editada en este país en los setenta y ochenta, traducción francamente mejorable...

Jabberwock 1, varios autores

Si el principal problema de una antología de relatos estriba en la calidad dispar de los cuentos contenidos, no os quiero ni decir lo que puede llegar a ser una antología de ensayos. Impresionante la crítica de Disch a los maniqueísmos y al feminismo militante en la CF; con Kessel me divertí más escuchando su crítica de El juego de Ender; muy interesantes los artículos de Pedraza, Merino y Somoza. Y el problema de "criticar las críticas"... pues como en cualquier crítica: la capacidad de análisis y la imparcialidad, dos de las virtudes que más estimo en un análisis de una obra, y que en algún caso queda empañado por un tratamiento de condescendencia con respecto algunos títulos.

Manifiesto comunista, Karl Marx y Friedrich Engels

Hablando de ignominiosas lagunas... Grande en ideas, fundamental en su época: hoy no deja de ser un panfleto desfasado que, evidentemente, no resulta aplicable a las circunstancias actuales. Aun así, me temo que El capital tiene mucha más enjundia. Al fin y al cabo, poco de lo que estudié en filosofía de COU aparece en este libro, cuya fuerza reside en la popularidad y en la capacidad de aglutinar a los movimientos obreros de la segunda mitad del siglo XIX.

La pesta, Albert Camus

Inconmensurable. Un descenso a los infiernos de una comunidad que sirve para reflejar el esfuerzo, la abnegación y el sacrificio de unos seres humanos; una postura, la del autor, de desvincular el amor, la pasión, y la solidaridad de sus secuestradores por excelencia: el dogma y el fanatismo.

Y, además, en el prólogo descubro que yo soy existencialista: sobre su filosofía, el prologuista dice:

Camus partía de una concepción del hombre rigurosamente no-trascendente: Dios negado o eludido, el hombre es el único valor absoluto del hombre
.

Existencialismo: veo que esta actitud me define mucho mejor :)

Matadero cinco, Kurt Vonnegut

O cómo escribir como te da la gana, contando lo que te da la gana y, al acabar, transmitir mientras te cuelga la risa bobalicona de los labios uno de los alegatos más brutales contra la barbarie del hombre contra el hombre, con el bombardeo de Dresde como telón de fondo. Palabras mayores. Y divertido, además. Y con extraterrestres de por medio.

Yo, de mayor, quiero ser como Vonnegut.

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lunes, junio 18, 2007

Sobre la crítica

El trabajo crítico oscila entre el análisis despersonalizado [androide] y la empatía comprometida. Una postura equilibrada, que intente eludir ambos extremos, quizás podría ser calificada con una vieja palabra: "simpatía".


Pablo Capanna, Idios Kosmos. Claves para Philip K. Dick

domingo, junio 10, 2007

Karel Čapek - Life and Work, Ivan Klíma


Quizá, estimado lector, no te veas con ánimo de leer un libro tan implacable como 1984 pero te apetezca adentrarte en una obra donde queden patentes la estupidez y la estulticia humanas; un libro que hable sobre los efectos de la avaricia y la ambición sin límites: el totalitarismo, el nacionalismo, el capitalismo salvaje, la alienación de la ciudadanía, la pleitesía al progreso a cualquier precio, la depredación del hombre sobre la naturaleza y sobre el propio hombre, la guerra como salida inevitable... Y, si además, quieres disfrutar de una lectura divertida, amena en su amplia variedad de registros, desde una ironía que, a pesar de la seriedad del transfondo, no abandona una mirada empática, entonces tu libro es La guerra de las salamandras.

Karel Čapek
Su autor, Karel Čapek, ha sido injustamente relegado a un segundo plano ante la obra de otros contemporáneos suyos, autores en lenguas mucho más difundidas, como Orwell o Huxley en inglés, o Kafka (autor checo en lengua alemana). En una época convulsa como fue la primera mitad del siglo XX, Čapek se distinguió por un tono más optimista, sin por ello dejar de reflejar con marcada lucidez los peligros que acechaban a una humanidad que el progreso superaba por todas partes y que, con armas cada vez más poderosas, caía presa del fanatismo. En ese sentido, está más emparejado con otro compatriota suyo, Jaroslav Hašek.

Čapek demostró desde bien joven ser un espíritu inquieto, gran trabajador, que cultivó en su relativamente corta vida todos los géneros literarios. El fetichista cienciaficcionero lo recordará por ser el padre del término robot (sugerido, por cierto, por su hermano mayor Josef), que apareció en la obra teatral R.U.R.. Pero ese es un detalle menor: en su extensa bibliografía abundan las recopilaciones de prensa, libros de viajes, obras teatrales, ensayos políticos, cuentos.

No puedo ocultar mi admiración por un autor cuya mirada, lúcida, irónica y entrañablemente humana, me cautiva. (Eh, incluso Alejo me permitió prologar La guerra de las salamandras; aunque el prólogo no valga mucho, ¡joder, es que estoy que reviento de orgullo!) Por eso compré, vía Amazon, la biografía que encabeza el post.

Karel Čapek - Life and WorkReconozco que no he leído todavía nada de Ivan Klíma, quien da la sensación de estimar la obra de Čapek y, además, disfrutarlos en su idioma original. Y no quiero juzgarlo sólo por esta biografía ciertamente... sosa. Quizá sea la traducción (no, no me las quiero dar de listo, pero la lectura de esta traducción del checo al inglés se me ha hecho pastosa, particularmente torpe), o quizá la vida de Čapek no fuese tan atractivamente conflictiva como para que su biografía fuese interesante; idea esta que me parece particularmente tonta. El caso es que Klíma desgrana la trayectoria vital Čapek y traza los paralelismos factibles con su bibliografía; la primera está profusamente documentada la primera; la segunda está particularmente preñada de opiniones. En sí no es que sea incorrecto ese acercamiento, y quizá (insisto) sea problema de la traducción, pero cuando los análisis literarios están plagados de frases como I think, In my opinion, el ensayo acaba desmerecido y la impresión es la de estar leyendo una columna de opinión (o una entrada en un blog).

Aun así, no deja de ser una obra interesante para conocer algunas de las claves del autor checo a la hora de abordar su narrativa. Ni de lamentar sus últimos días como una de las voces más lúcidas, denostado por colegas que abrazaron alguno de los radicalismos que, proféticamente, acabaron de rasgar el mundo que conocía tal como preveyó.

domingo, mayo 13, 2007

Una rápida, soriana actualización

Rápida, rapidísima, sólo para deciros que ya he colgado en Flickr las fotos que tomé en Valdeavellano de Tera y en Soria el fin de semana pasado.

Aprovechad mientras estén en Flickr, porque acabo de pillarme un mosqueo de cuidado ahora que me entero que sólo permite visualizar las últimas 200 fotos subidas a sus servidores.

martes, abril 17, 2007

Procrastinando, que se dice pronto, o meme jugetón literario

Me llega a través de Juanma, a quien ha liado su media naranja Cristina, a quien a su vez le ha llegado a través de Jaume, a quien... Bueno, dejémoslo, que por este camino no acabamos ni el 30 de febrero.

Que Juanma me ha retado a un meme literario. Como si mi vida no estuviese lo suficientemente procrastinada :)

La mecánica del asunto:

s fácil: copiar el párrafo segundo de la página 139 del libro que estés leyendo en ese momento. Se presupone, pues, que te gusta leer y que tienes tiempo para ello.


Tal como aclara Kaplan (a quien todavía se le nota el polvo de la era en el traje, supongo que ya me entendéis) en los comentarios a la entrada de Juanma, se deja al lector la tarea de adivinar de qué título se extrae el párrafo.

Como a Juanma, yo procrastino incluso con las lecturas. Así que la página 139 del último libro que he abierto reza tal que así:

Casi estaba terminada. En unos cuantos días alcanzaría la madurez. Aún era una larva, blanca, blanda y pulposa. Pero el sol la secaría y la calentaría. Endurecería su concha. Le proporcionaría fuerza y un tono más oscuro. Surgiría del capullo y un día, cuando su madre pasara junto al garaje... Detrás de la madre-cosa había otra larva blanca y pulposa, expulsada por el bicho hacía poco. Pequeña. Acababa de nacer. Comprendió de dónde había surgido el padre-cosa, dónde había crecido. Había madurado allí. Y su padre se había topado con él en el garaje.


Buá, los hados os lo han puesto de cara.

Pero, como todo lector ob-comp (término acuñado por el mismo autor en otro libro del que también os reto a adivinar el título), llevo otro libro, más pequeñito, en el zurrón, por si acaso me toca esperar a la puerta de los probadores de un Zara o Desigual:

El suegro de Billy se reía descontroladamente, y rogó al cuarteto que cantara la otra canción polaca que tanto le gustaba. Así, pues, cantaron la canción de los mineros de Pennsylvania, que empieza así:

Mike y yo trabajamos en la mina.
¡Santa mierda, qué bien nos lo pasamos!
Una vez a la semana nos dan nuestro salario
¡Santa mierda, y al otro día no trabajamos!


(He incluido el tercer párrafo para no dejar dos puntos abiertos, y lo he transcrito con el error de puntuación para facilitar la identificación -caso que tengáis un ejemplar a mano-).

¿Son estos los dos libros que estoy leyendo? Sí, a los que echo mano con más frecuencia. Antes de la Semana Santa, le di un apretón a este otro:

Good authors can usually recognize their strong points and their weak points. Čapek's strong point was his art of fabulation, a talent that combined imagination, the courage to come up with original parables, and the capacity to think through, via these parables, the social as well as technological problems of modern times. He was superb at creating situations capable of carrying a moral, noetic, or even a merely political message. On the other hand, the depiction of subtle psychological nuances was not among his strong points. Surely this is why he was better suited to allegorical and utopian tales than to realistic stories. The true protagonists of his works from this period were not individual people but humankind as a whole, and they were essentially not about conflicts between characters, but about conflicts between concepts or world views. The individual characters who move the story along appear to be mere puppets that help the author present his views on the causes of conflict in the contemporary world.


No, si difícil no está la cosa.

Por último, un libro que, más que leer, paladeo con parsimonia:

Devien ésser aproximadament les sis de la tarda quan un majordom vingué a destorbar les cavil·lacions del nostre jove i il·lustre botànic dient-li que la baronessa, havent rebut la visita d'un erudit frare dominic, estava desitjosa de presentar-l'hi i que, si no era importunar-lo massa, l'esperava al saló.


Hala, finalizado ya el meme, voy a cederle el testigo a: Pau, Víctor, Gabriella (gracias a los dos por vuestra amabilidad y simpatía; Nuria y yo sentimos no haber podido seguir tomando más copas el Lunes Santo), Nacho y a los amigos de La Moqueta Verde.

Disfrutad. Y ¡leed, leed, malditos! :)